En este lunes grisáceo y soleado en el que los peores augurios no se han hecho realidad, posiblemente (no, seguro) como consecuencia del anuncio del Banco Central Europeo de comprar deuda italiana y española, aparece en El País un extenso reportaje sobre servicios sociales y plazas geriátricas que comentaré hoy y que me servirá también de combustible para algún día posterior. Vuelve Carmen Morán con sus acertados toques de atención sobre los temas que nos preocupan a todos los que seguimos los servicios sociales en España. En mi caso, hoy lo haré sobre las plazas residenciales geriátricas. Como siempre os recomiendo que leáis entero el reportaje aquí.
Dice Carmen Morán que “la creación de plazas geriátricas ha sufrido un frenazo severo… De 2005 a 2008, la cifra de plazas residenciales venía subiendo cada año alrededor de un 5%, pero de 2009 a 2010 solo creció un 1,6%”. Eso, en un entorno de desarrollo de la ley de dependencia es difícil de entender, salvo por la fácil excusa de la crisis.
Poco más adelante, el reportaje nos da pistas sobre una explicación convincente de este parón, aunque resulta bastante preocupante, la verdad. Y es que el presidente de Vitalia Home, José María Cosculluela asegura que "antes, de cada 100 abuelos que salían del hospital, 20 entraban en residencias, ahora apenas un 5%". Lo que unido a familias que sacan a los suyos de las residencias porque así se ahorran pagarlas (o porque directamente no tienen dinero para hacerlo) dibujan un panorama preocupante.
Según el estudio de DBK, en total hay 354.955 plazas en toda España, públicas y privadas. En el caso de Madrid, se ha perdido solo un 0,1%, lo que nos permite continuar por encima de la media en la relación entre plazas y personas mayores de 65. Ojo, el número de plazas públicas y concertadas en la Comunidad de Madrid es uno de los pocos ratios del que pueden presumir los gestores madrileños de los servicios sociales, pero aquí estamos hablando también de plazas privadas sin ninguna clase de financiación.
El reportaje termina con una referencia a la creación de empleo que siempre hemos defendido en este blog como una consecuencia de un correcto desarrollo de la ley de Dependencia. Y es que “la ocupación de plazas residenciales es uno de los principales motores de empleo de todas las ayudas que se prestan por la Ley de Dependencia. Y permite, además, que las personas que cuidan ancianos, mujeres en su mayoría, dispongan del tiempo suficiente para buscar también en el mercado laboral”. Hace un par de años se prefirió apostar por mamarrachadas pseudo-keynesianas del tipo de los planes E que nos costaron un pastón en lugar de invertir en la creación de empleo sostenible. Hoy, lo estamos pagando.

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